La democracia en octubre: historia contempor谩nea y ense帽anzas
Al Cnel. (r ) Angel Ortuste Oporto
Gonzalo Rojas Ortuste
Varios episodios de nuestra historia contempor谩nea tuvieron en octubre hitos en la construcci贸n de la democracia en sus varias acepciones, que revisamos aqu铆, as铆 sea solo para no desmayar en ese empe帽o; colectivo y ciudadano.
En octubre de 1969, cuando la Revoluci贸n Nacional se resist铆a a morir, se decret贸 la nacionalizaci贸n del petr贸leo, intentando retomar las banderas nacionalistas con el Estado soberano de sus materias primas estrat茅gicas, ese gabinete de notables con Marcelo Quiroga y el moment谩neo liderazgo del Gral. Ovando, en un gesto para definir una correlaci贸n dif铆cil. Despu茅s de los a帽os de la ”restauraci贸n”, como sin ambages la denomin贸 el Gral. Barrientos, tambi茅n pasajero l铆der de la reacci贸n, ante la ya languideciente revoluci贸n social. Aqu铆 estaba primando la idea de que una de nuestras principales riquezas sociales deb铆a tener un uso y beneficio tambi茅n social: dimensi贸n socioecon贸mica de la democracia, si se quiere abreviar.
La otra es la recuperaci贸n de las libertades pol铆ticas, la de octubre de 1982, tambi茅n luego de varios intentos por desplazar a los uniformados a sus tareas constitucionales, no pretorianas. Aqu铆, de nuevo, la movilizaci贸n social empujaba un proyecto que ten铆a claro, sobre todo, lo que no quer铆a, que rechazaba la dictadura, ese monopolio min煤sculo de miembros habilitados para hacer pol铆tica negando a los dem谩s su condici贸n ciudadana. Vendr铆a despu茅s la azarosa conducci贸n de pol铆tica econ贸mica que hubiera dado con el trasto de ese esfuerzo de no haber tenido nuestro entonces presidente, el Dr. Hern谩n Siles Zuazo, la generosidad para acortar su mandato y retirarse de la vida pol铆tica como el digno patricio que fue. Pasar铆an dos periodos constitucionales para que la ciudadan铆a nacional popular recupera alg煤n protagonismo, merced al contexto reformista de los 90s, luego de la “d茅cada perdida”, como la CEPAL denomin贸 para la regi贸n las dificultades econ贸micas que la poblaci贸n enfrent贸 y conspiraban contra el r茅gimen democr谩tico. Con derechos ciudadanos, era preciso avanzar en respuestas socioecon贸micas que, desmantelado lo poco que hab铆a del Estado “benefactor”, deb铆a movilizar voluntad social.
El otro octubre, el del 2003, era de rechazo a unos actores pol铆ticos que habiendo realizado reformas sociales fueron incapaces de reformarse a s铆 mismos y decidieron que los negocios nacionales deb铆an ser tratados como asunto de c煤pulas, para entonces muy desgastadas y casi asustadas por el empoderamiento social y tambi茅n ciudadano. Como aqu铆 falt贸 la grandeza del Dr. Siles, se los expuls贸 y se empez贸 a postular un recambio de 茅lites, de decisores pol铆ticos de lo p煤blico. Y esos negocios nacionales ten铆an que ver con el destino del gas; de nuevo, con esos bienes que nacionalismo revolucionario de por medio, sentimos como patrimonio nacional irrenunciable.
Podemos hacer la cuenta de los aniversarios involucrados, pero lo que importa es lo que podemos aprender de cada episodio. Est谩 claro que, crecientemente, se ha afincado colectivamente la convicci贸n de que para asuntos p煤blicos de importancia como el destino de nuestras materias primas, en uno y otro caso; o la manera de gestionar nuestro destino compartido (arreglos institucionales de la democracia), no toleramos que unos cuantos, as铆 sea a nombre de los 谩ngeles (“seguridad nacional”, globalizaci贸n o “estado plurinacional”) se arroguen la facultad de decidir sin involucramientos ciudadanos en lo p煤blico. No es arbitraria la inclusi贸n del Estado “pluri-multi”, Chaparina se adelant贸 en el almanaque una semana, pero el arribo de la VIII marcha del TIPNIS lleg贸 puntual y con olor de multitudes y solidaridad en octubre del 2011. Porque tambi茅n estamos densificando el sentido de los bienes p煤blicos estrat茅gico, no s贸lo son commodities, tambi茅n es el modo de vida de los pueblos ind铆genas (en este caso de tierras bajas), y el cuidado ambiental que ser谩 un legado para nuestros hijos y nietos.
Esta idea de bienes p煤blicos est谩 ya indisociada del 谩mbito p煤blico para definirlos, tiene que ver con la discusi贸n plural que los reconozca como tales, primero; y que siga el proceso opini贸n- convicci贸n (p煤blica, otra vez) sobre su destino. Eso se conoce como pluralismo, hoy condici贸n sin la cual no se puede sostener como democracia un orden social y pol铆tico. Y aunque incomode a los y las ungidos/as del momento, s铆, buena parte de los bolivianos y las bolivianas hoy podemos decir que democracia no es s贸lo mayor铆a electoral –ineluctablemente transitoria, por lo dem谩s- sino, principalmente, discusi贸n ciudadana que requiere de vigencia de derechos, no del amedrentamiento y la descalificaci贸n para anularla. Este pa铆s sigue siendo m谩s grande que sus eventuales dirigentes.