martes, 15 de octubre de 2013

Revalorizando el siglo XIX boliviano

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 16:48:00, under | No comments

(publicado en ANF -virtual- el 9 de Octubre del 2013) En los últimos años sobre todo historiadores, pero no únicamente, han ido elaborando revisiones y elaboraciones novelísticas (no necesariamente ficticias sino) pletóricas de imaginación con la fuerza que sólo este género posee: su talante omnicomprensivo, de retrato de época. Cito de manera indicativa el ¡Qué solos se quedan los muertos! de Ramón Rocha Monroy sobre la entrañable figura del Mcal. Antonio José de Sucre y Manuela, mi amable loca de Carlos Hugo Molina sobre esa asombrosa mujer que fue la amante del Libertador. Indudablemente ambas tienen detrás investigación historiográfica y las recomiendo ampliamente, pero hoy me quiero concentrar en los trabajos que buscan, desde la disciplina de la historia, modificar una mirada compasiva, cuando no abiertamente denegadora de ese periodo que, como tendencia de toda la región, lo que hoy llamamos América Latina se erigen como repúblicas significando una ruptura con el pasado colonial. En continuidad con los trabajos de José Fellman Velarde (quien consignó lúcidamente que figuras como Sucre y Andrés de Santa Cruz sentaron las bases para que el Estado boliviano sobreviviera los desastres posteriores) y de Alfonso Crespo con El cóndor indio sobre el mismo Santa Cruz, es probablemente don José Luis Roca quien más ha contribuido a esa necesaria revisión (hoy todo en su monumental Ni con Lima ni con Buenos Aires). En efecto, sobre la figura de Olañeta y figuras de ese entorno sostiene que “le recuerdo de los fundadores de Bolivia causa desagrado y rubor entre muchos de sus hijos quienes buscan descargar culpas presuntamente heredadas vituperando –véngale o no al caso- la memoria de aquellos próceres”. Don José Luis identifica con acierto el apelativo de “altoperuano” con toda la carga negativa que solemos darle y también confronta con vigor el trabajo del Prof. Charles Arnade cuyo título de su tesis doctoral añade el calificativo de “dramática” al surgimiento del Estado boliviano en la traducción boliviana de los 70s. Más grave, allí aparece muy explícita la caracterización de hipócritas y oportunistas de los doctores de Charcas, de “dos caras”. Los argumentos de J.L. Roca son tan poderosos que años después (1995) el propio Arnade, en gesto que le honra, tuvo que reconocer en analogía con el influyente nacimiento de la república de EE.UU. que: “Los nuevos hombres de 1787 redactaron la mucho más conservadora constitución estadounidense que, con sus enmiendas, sigue siendo la actual. Las generaciones de 1776 y 1787 se parecen en muchos aspectos a las bolivianas de 1809 y 1825; bajo algunos puntos de vista, los hombres que se reunieron en Filadelfia en 1787 eran también unos ´dos caras´ y se movían fundamentalmente por intereses personales” (Cfr. p. 158 de Una nueva mirada a la creación de Bolivia. Escenas y episodios de la historia. Estudios bolivianos. 2004. La Paz y Cochabamba: Los Amigos del Libro, volumen que compila trabajos entre 1952 y 1999). La cita precedente nos sirve para entender que en contexto tan cambiantes, como las que propugnaba el republicanismo en sus principios ciudadanos contra el monarquismo, es comprensible que hubieran también fuerzas que apostaran a ciertas continuidades y que fueran capaces por su peso específico y cercanía y conocimiento de los pasillos del poder resguardaran intereses más de grupo. Pero ello no impide señalar como efectivo cambio político el drástico cambio de principios políticos generales. Y es que la condición ciudadana llegó para quedarse, aunque su plasmación en términos de igualdad de derechos ante la ley haya tomado más de un siglo en efectivamente empezar a concretarse y haya de requerir formulaciones tan paradójicas como “ciudadanía diferenciada” para revertir viejas herencias coloniales, ya a finales del siglo XX. ¿Por qué es importante este cambio de perspectiva? Porque no podemos construir en la mejor tradición democrática, que se inicia en el mundo moderno con la república, si seguimos con mirada acomplejada y culposa de nuestro origen ciudadano. Así como fue necesario entender el choque de la “invención de América” (E. O´Gorman) hace más de cinco siglos que nos hace compartir desde entonces un destino globalizado y hoy ya ineludible, es necesario comprender la circunstancia que tan vívidamente nos muestran las creaciones literarias alrededor de esa figuras egregias como Sucre y Manuela Saenz, o más cercano a un pueblo llano, la figura de Pazos Kanki –todavía necesitada de tratamiento artístico- o; finalmente, ese tipo de tratamiento sobre la figura de don Andrés de Santa Cruz, que como un Napoleón andino necesitó el acuerdo de tres estados para recluirlo en una isla chilena, en la recreación de un colega del todo pertinente.

La responsabilidad democrática del MSM ahora

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 16:30:00, under | No comments

(Publicado en Agencia Nacional Fides y Nueva Crónica y Buen Gobierno Nro. 132, Oct. 2013) El partido que encabeza Juan del Granado, el Movimiento Sin Miedo, tiene un gran desafío ahora: contribuir a reinstalar el Estado de Derecho democrático en nuestro país. Así como Juan tuvo un importante papel en romper la impunidad del ex dictador García Meza y luego en la fiscalización al primer gobierno del Goni (Amayapampa y Capasirca), junto con los mejores cuadros del MBL y luego remontando el descalabro de sucesivas malas administraciones en el Gobierno Municipal de La Paz, hasta la transición generacional que posibilitó con el actual alcalde Revilla; ahora ha de ser parte de una coalición capaz de enfrentar al hegemón de turno, el MAS y sus abanderados, los que guían “el carro de corregidor”. No se trata de una mirada voluntarista, sino de atender con cierto detenimiento el panorama de las fuerzas políticas en el presente. El MAS y los actuales primeros mandatarios han sido en 2005 y 2009 los votados con mayoría absoluta y, respectivamente, PODEMOS y Convergencia Nacional (CN), aunque perdidosos, concentraron la oposición al MAS. También tenemos en mente que el MAS ya sufrió derrotas electorales en Sucre y en el Beni y en el ámbito nacional con la minoría que eligió a las cabezas del órgano judicial, que ya anunciaba el fracaso de esa vía de reforma en tan importante poder del Estado hoy tan venido a menos. Pero en ninguno de ellos el Presidente Morales y el vicepresidente eran, directamente, los candidatos. Con todo lo relativo y solo a efectos de argumentación rápida, digamos que las fuerzas que encabezaron Tuto Quiroga y Manfred Reyes Villa, eran expresiones de centro derecha; más bien reticentes a ciertos cambios que la mayoría de la ciudadanía boliviana aspiraba, varios de ellos vinculados a un mayor y mejor reconocimiento y visibilización de los pueblos indígenas y otras fuerzas populares y nacionales. Hoy el MAS, represión al TIPNIS de por medio y solo a título emblemático, para no repetir lo que en el propio diagnóstico del MSM ha hecho del MAS y sus tendencias caudillistas e intolerantes, ya no expresa esas fuerzas del cambio democrático y peligrosamente ha tomado ribetes que seriamente preocupan el curso de la salud de un régimen de libertades y de igualdad ante la ley, crucial en cualquier Estado de Derecho en el mundo contemporáneo. Por otra parte, la actual convocatoria a la conformación del Frente Amplio, no repite el sesgo caudillista de otras convocatoria anteriores, donde el jefe de alguna fuerza llama a coaligarse detrás de su candidatura presidencial, que la da por descontada. Ahora Doria Medina, figura visible de UN, intenta formar un abanico con varios líderes con un acuerdo democrático básico –y mucho por hacer en términos programáticos- donde las candidaturas serán definidas por aquel líder o lideresa que sea el más favorecido por algún tipo de encuesta ciudadana confiable, a la manera de una suerte de primarias para seleccionar esa postulación. Esas dos circunstancias, la no automática candidatura presidencial del convocante y la elaboración plural de un programa, son signos inequívocos de aliento democrático que no hay que desdeñar. No se trata tampoco de apuntalar un supuesto bipartidismo, ni tampoco juntucha de “todos contra Evo”. El bipartidismo, en una sociedad tan explícitamente plural como la boliviana (clivajes étnico-culturales y regionales), no tiene posibilidades de estabilizarse. Lo que sí es muy posible, es que el MAS y sus portaestandartes repitan por tercer periodo (y triquiñuela anticonstitucional) ante ausencia de posibilidades viables que puedan disputarle un electorado que sigue teniendo como “mal menor” a los oficialistas actuales. Y lo que está convocando el Frente Amplio, es a un proceso de articulación con énfasis ciudadano y republicano (independencia de poderes) y sin decisión cupular, por ello, al menos debe atenderse sin, de antemano, desalentar esa opción. Al inicio de este texto mencionamos los aportes de Juan y del MSM en el proceso democrático boliviano. Es claro que su bastión electoral es la ciudad de La Paz; pero esta su fortaleza ha sido también su debilidad en términos de proyección nacional. En su mejor desempeño en el periodo actual, las municipales del 2009 fue la segunda fuerza, muy lejos del MAS y así y todo consiguió arruinarles el festejo por su votación en las ciudades capitales de La Paz y en Oruro. Así, resulta que también necesita ampliar ese confinamiento regional y, con todo y las valiosas alianzas que conocemos con ciertas expresiones de las ciudades del eje, no parecen aportar la posibilidad de un caudal importante de votos para ser alternativa real de disputa al oficialismo actual, éste además envanecido por anteriores desempeños electorales y su tendencia al copamiento de otros poderes. ----------------------------- *GRO es politólogo y profesor universitario

Evo con Francisco, con fines políticos

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 16:25:00, under | No comments

Publicado en el suplemento Animal Político. La Paz, La Razón, 16 Sept. 2013. ¿Qué buscaba el Presidente Evo Morales al visitar al Papa Francisco? Desde luego propósitos políticos, porque eso caracteriza al Presidente y eso, también, lo ha llevado al alto sitial institucional que hoy ostenta. El Papa Francisco hoy representa los vientos de renovación más afines con la modernización/secularización y ecumenismo desde la desaparición del Papa Juan XXIII que llevó adelante el Concilio Vaticano II. En el contexto actual, su condición de argentino que lo convierte en el primer Papa latinoamericano también cuenta. Digamos rápidamente que este Papa es sucesor de Benedicto XVI, quien prefirió entregar a otro la tarea de emprender reformas difíciles contra grupos de poder encaramados en la curia. Las declaraciones del embajador de nuestro país ante el Vaticano y miembro de la delegación con el Presidente, Carlos de la Riva, ex jesuita, van en ese sentido. Hoy América Latina es el (sub)continente con más católicos del orbe, y aunque hay una disminución relativa por el crecimiento de las denominaciones evangélicas, unos y otros se reconocen cristianos y allí la figura papal sigue representando una referencia indudable de esa amplia feligresía. Con el desafortunado bloqueo aéreo que sufrió el avión presidencial boliviano en Europa hace poco, esas potencias europeas -y muy probablemente por la iniciativa estadounidense- le abrieron la posibilidad de proyectar al “hermano” Evo un liderazgo regional, que supla de algún modo el dejado por el fallecimiento de Hugo Chávez. Más no es sólo el plano internacional el que interesa al Presidente boliviano, sino, de manera nada secundaria, el propio electorado nacional. Como es sabido, desde que inició su presidencia, él no ha tenido buenas relaciones con la Iglesia Católica boliviana. Eso no le preocupaba cuando estaba aureolado como “el Primer Presidente Indígena” del país (y a veces con el entusiasmo llegaba a decirse de la región, olvidando al gran Benito Juárez). Después de la represión en Chaparina a la VIII Marcha del TIPNIS, queda muy poco de esa imagen y él mismo ha destacado (en la entrevista con Ismael Cala de CNN) su condición de “dirigente sindical”. Y esa caracterización es muy consistente con la base social que representa el núcleo duro de apoyo al gobierno del MAS y las mutuas lealtades. Los productores de coca del Chapare son, sin duda, esa base; y sin negar su peso en movilizaciones y capacidad de resistencia, en términos electorales no son suficientes para “reproducir el poder”. Por ello, hay en ese viaje una búsqueda por recuperar, sino legitimidad, al menos aceptación de sectores medios, esos más cercanos al catolicismo dado que en los sectores populares prima el sincretismo. Porque, aunque las encuestas nos muestran fortaleza relativa de la figura presidencial como candidato, esto se debe más a la debilidad de la oposición en su momento tan golpeada. Sin embargo, esa situación puede cambiar y acaso la formación de ese Frente Amplio recién anunciado pueda ser parte de ese cambio del balance de preferencias electorales, sobre todo si otras fuerzas opositoras como el MSM pudieran ser parte de ese entendimiento. En el plano internacional también la figura presidencial se desgastó (hubieron comentarios de otros mandatarios latinoamericanos y funcionarios españoles nada favorables en la difusión de los “wikileaks”). Téngase presente el encuentro en la escala previa en Madrid esta vez. También la figura del monarca español, otrora de gran predicamento, está afectada por algún escándalo personal y fundadas acusaciones de corrupción que llegan a la Casa Real. Y si comparamos eso, cuando con su famosa chompita a rayas el entonces Presidente electo Evo Morales visitó al Rey, factor importante de la todavía exitosa democracia española, parecían signos de tiempos auspiciosos y reconciliados para el mundo iberoamericano. Hoy la crisis económica española y el desgaste de una figura que parecía emblemática, más lo arriba señalado, han hecho su trabajo. Sabemos que el desgaste no es automático. Tiene que ver con acciones y decisiones específicas. Y aun en situaciones de fuerte polarización, hay líderes que han salido con alta aceptación, como es el caso de Nelson Mandela o más cercanamente Lula Da Silva. No se puede negar el proceso de inclusión que se ha retomado en Bolivia, que por lo demás es acumulación de la propia sociedad boliviana y sus despliegues de energía. Pero nunca puede ese dato ser justificativo para el reverdecer de la intolerancia ideológica del oficialismo. Y ahora ya es claro que este se dirige a toda disidencia, así provenga de antiguos aliados o compañeros. Ninguna democracia en nuestros días puede funcionar sin respeto a la disidencia, a las visiones no sólo plurales, sino incluso opuestas a las que predica el circunstancial actor mayoritario. En tanto se respeten las reglas básicas del orden democrático –digamos las contenidas en el ámbito constitucional vigente- todos y todas tenemos derecho a disentir, a discrepar, a generar controversia. Esa es la condición ciudadana, del orden republicano. Es en esa materia que el MAS y sus principales operadores han mostrado sus mayores limitaciones, y eso en democracia, así imperfecta como es, pasa factura. Por eso los desplantes presidenciales a la iglesia católica local, hace poco creíble un acercamiento a este segmento importante de ciudadanos y ciudadanas. Si gran parte de su ropaje ideológico del actual Presidente ha sido provenir “de abajo”, ¿cómo es que sólo puede entenderse con el “jefe máximo” en los palacios del Vaticano?, que por mucho que le incomoden a Francisco, allí recibe y despacha. *GRO es Doctor en ciencias del Desarrollo y politólogo. Prof. e investigador en el CIDES-UMSA.

viernes, 19 de abril de 2013

Tres momentos de la democracia y una propuesta anticaudillo

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 14:42:00, under | No comments

En los treinta años de democracia que acabamos de cumplir hemos producido tres momentos de convergencia importantes. Los tres se tradujeron en victorias electorales, veamos. La primera rápidamente evaporada, dio lugar a la constitución del gobierno de la UDP iniciando el ciclo hasta ahora sustentado de arreglos de la titularidad política vía la disputa en las urnas. La segunda, fue alrededor del denominado “Plan de todos” que era una propuesta modernizadora del Estado en los noventas. La tercera, fue la de finales del 2005 cuyo régimen estamos viviendo. Formalmente ésta última es la más relevante, pero ahora, época post-TIPNIS, sabemos que la Constitución tiene que ver más con retórica legitimadora. La segunda sobre todo nos dejó la descentralización municipal. En conjunto, en perspectiva democrática y no sólo de régimen político, la notable energía y tiempo de dedicamos los bolivianos a la política, auténtica república tumultuosa como escribe Maquiavelo, ha dado muy modestos resultados. Si a ello agregamos la reiterada, y hoy más que nunca, vigencia del caudillismo que en su ápice tiene a un presidencialismo exacerbado, poco amigo de la concertación y el apego a la ley –sobre todo aquella que obliga un Estado democrático de Derecho- la cosa es más preocupante. En suma, produjimos victorias electorales y no mucho más. ¿Pesimismo? No, sentido común; más allá de los indicadores o conceptos elaborados, basta ver el vecindario regional, seguimos a la cola en Suramérica y en América Latina en cualquier importante rubro de bienestar o sociedad de vida democrática. Poca gente, del oficialismo o no, puede argumentar con solvencia a favor de los inequívocos rasgos de autoritarismo del gobierno. El último ejemplo, porque el “parajudicialismo” es ya bien conocido, es la reacción del masismo ante la declaración de inconstitucionalidad de la figura del desacato por el Tribunal Constitucional, que intenta apartarse del estigma de ser un órgano tomado por el poder político. Inmediatamente han sostenido que los enjuiciamientos seguirán con otra figura que persista en esa condición de desigualdad entre autoridad –sinónimo aquí de ungido- y cualquier ciudadano “de a pié”. Los bien intencionados, los que se esfuerzan por no ver que lo del 2006 fue una ilusión, quienes se resisten a ver que lo de Chaparina y la VIII marcha por la defensa del TIPNIS fue, verdaderamente una epifanía, una revelación del carácter gremialista del régimen solo pueden elabora argumentos de inclusión social. Lo presentaremos sin caricatura para evaluar sus méritos. En la historia “larga”, que en Bolivia son cuatro o cinco décadas, se dice que valoraremos a este tiempo como apreciamos hoy la democratización social producto del 52. El argumento es interesante, pero es también muy funcional para cualquier gobierno que ejerza arbitrariedades presentes, con el inventario de que en el balance serán bienes futuros. El problema aquí es que la presente generación, tenga que “sacrificarse” en aras de un bien por venir. Lo de inclusión social ya se logró y no me parece que se lo debamos abonar al MAS sin más, sino a la acumulación democrática de los bolivianos y bolivianas que hacemos de la política la ocupación nacional por excelencia. Así pues no podemos seguir repitiendo lo mismo, producir una victoria electoral -en el mejor de los casos- alrededor de otro caudillo, uno con más o menos carisma que los que ya pasaron por la silla presidencial y con alguno o mucho mérito. Postulo que no hemos resuelto lo principal de nuestro déficit político, que es la validación ritual y reiterada (como todo rito) del caudillo mayor, del “jefazo”. Porque lo que suele complementar la reticencia a pensar alternativas al masismo, es el argumento de que “no hay quien”, en la ausencia de una figura descollante en la oposición. Además de tener presente que el hacer política que no sea oficialista está satanizado, con afirmaciones muy parecidas a la que escuchábamos a los militares cuando se las daban de “salvadores de la patria” en los 60s y 70s, es necesario romper ese círculo de ungir hoy a uno para que, con seguridad, nos decepcione mañana. Entre otras cosas, porque las tareas que acometa con éxito, para no hablar de la hybris del mesías del momento, son desproporcionadas y algo –si no mucho- tiene de esperanza ilusoria. Como el 2014 habrán elecciones, la principal ganancia que nos dejó el agonista Dr. Siles Zuazo, y tendrán que postularse binomios a las principales magistraturas y como pienso que las monarquías son tan odiosas como las diarquías en el mundo contemporáneo, hay que demandar equipos explícitos de gobierno. Esto significa que nuestros seguros candidatos, donde sin duda estará el Presidente Morales, (no importa que la Disposición Transitoria Primera de la CPE, en su parágrafo II diga textualmente que “Los mandatos anteriores a la vigencia de esta Constitución serán tomados en cuenta a los efectos del cómputo de nuevos periodos de funciones”) nos presenten equipos de gobierno, si se quiere, el núcleo de su gabinete en caso de ser electos. Sabemos que es atribución del Presidente , pero la petición ciudadana es a los candidatos presidenciales y vicepresidenciales. De lo que se trata es saber quiénes serán sus Robespierre y sus Fouché, o si se quiere en versión anglo sajona sus Disraeli (como escribo de un envión, no deja de ser significativo que me tenga que ir a siglos pasados para señalar ministros de importancia). Ya puestos a pensar en figuras nacionales, es curioso que el gabinete de notables que me viene a la memoria es del Gral. Ovando, no un gobierno constitucional, allá por 1969 con Pepe Ortiz Mercado, Marcelo Quiroga y Mariano Baptista. Para ponerlo con la formalidad altoperuana, demandemos ciudadanamente la explicitación, a nivel de compromiso de candidatos, las cabezas de gabinetes por áreas: económica, política, asuntos internacionales y sociales. Puede facilitar alianzas y acaso convergencias programáticas. Por supuesto la dinámica política siempre demandará cambios y los famosos enroques, pero ya será ilustrativo saber en quiénes se está pensando para las responsabilidades de Estado que ya es hora que deje de ser fruto del llunkerío, la improvisación o el enriquecimiento personal/gremial. Sé que el país cuenta –como también ha tenido algunos en el pasado- con esa gente: mujeres y hombres, originarios y contemporáneos, cambas y collas. Hay tiempo para ir preparando eso, para no seguir tropezando y seguir de tumbo en tumbo.

Presentacion del libro Vicente Pazos Kanki y la idea de república

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 14:30:00, under | No comments

• Vicente Pazos Kanki y la idea de República. Temprano mestizaje e interculturalidad democrática germinal. Gonzalo Rojas Ortuste*. Este pequeño volumen es parte de una colección que el CIDES-UMSA espera impulsar con otros miembros de la Universidad pública, aparece junto con Andrés Ibañez. Un caudillo para el siglo XXI. La comuna de Santa Cruz de 1876 de la autoría de Carlos Hugo Molina, mismos que se presentaron recientemente al público. Ambos libros, que son inicio de un emprendimiento por “reinventar la tradición” que han generado importantes pensadores bolivianos desde el siglo XIX. En el caso específico del título que presentamos, se enfatiza el compromiso republicano de Pazos Kanki, notable activista de tal proyecto político en ambas orillas del Atlántico al inicio de ese siglo, así como se señalan las fuentes del humanismo cívico, incluidos los aristotélicos escolásticos y del realismo político en su admirable vida. El texto presenta un ideario de Pazos, a partir de sus intervenciones en periódicos que él mismo cofundara en Buenos aires al inicio de su fructífera carrera, donde ya se perfila su militancia a favor del republicanismo, en su vena antimonárquica, pero también de promotor incansable de derechos y deberes ciudadanos. Más adelante se dedica un capítulo a su recordada intervención contra el proyecto de notables líderes argentinos por instalar una monarquía indígena, donde destaca su vigor en el planteamiento de igualdad básica de los nuevos ciudadanos, a pesar de su nunca negado orgullo de tener sangre india en sus venas. De la misma índole, otro capítulo, sobre su magnífico opúsculo sobre el Dr. Gaspar Rodriguez de Francia, temprano dictador del Paraguay, donde destaca el papel de los jesuitas en la configuración de un orden misional, que a pesar de las virtudes morales de sus impulsores, no resulta un esquema de gobierno propio de hombres libres, como él aspira a conformar en nuestras latitudes. De paso, señala anticipadamente, esta tendencia de nuestros pueblos en erigir caudillos en quienes se hace depender los destinos públicos de sociedades enteras, y que terminan imponiéndose incluso a las pomposas constituciones de cuya promulgación son impulsores en su momento. También se encontrarán dos vertientes de las influencias intelectuales y políticas de su formación y convicciones. Primero, del padre del republicanismo moderno, Maquiavelo, leído (y a veces explícitamente censurado por sus difusores jesuitas) muy influyente desde el Siglo de Oro español y junto con Rousseau de los autores más leídos en la Academia Carolina de Charcas, donde Pazos estuvo luego de terminar sus estudios formales como doctor en Teología en Cuzco. Allí probablemente coincidió con Pedro D. Murillo, pero nunca lo nombra cuando se refiere, sin modestia, a las luchas de los paceños en pro de su independencia. Expresamente cita apellidos de “mestizos” y contrasta la fiereza de la represión monárquica sobre ellos, distinta a la menos violenta contra criollos uruguayos. Otra fuente, más cercana en el tiempo es Thomas Paine, periodista y activista republicano como él mismo. Es uno de los traductores de El sentido común, notable opúsculo del inglés, ciudadano francés y seguidor de la nueva república, Los Estados Unidos de América. La investigación realizada se encontró con el trabajo del historiador cubano (residente en México), Rafael Rojas, que ha identificado otros traductores de la estupenda obrita de Paine, donde no menciona a Pazos; pero muestra varios republicanos de su estirpe, todos con algún paso por Filadelfia, la inicial capital de esa naciente república, que entonces acogía y publicaba a estos americanos que pugnaban por formar repúblicas al sur del continente. De hecho, allí le dirige Pazos sus excelentes Letters (al honorable Henry Clay, que fuera uno de los representantes estadounidenses al congreso Anfictiónico de Panamá que convocara Bolívar). Otro capítulo importante es el dedicado a recuperar el vínculo con el Mcal. Andrés de Santa Cruz. Se restituyen las páginas en anexo dedicadas a este estadista, así como la dedicatoria que le dirigiera en la edición príncipe de las Memorias histórico políticas y que su editor del siglo XX, Gustavo Adolfo Otero, excluyera en la misma versión (de 1979) que encontramos hoy en las librerías de nuestras ciudades. Otro texto del historiador H. Vazquez Machicado que se encuentra con facilidad sobre Pazos Kanki en librerías es el referidos a sus “plagios”. Se llama la atención sobre los estándares anacrónicos (de siglo XX) para tal calificación y se ejemplifica con una conocida expresión de Monstesquieu, que repite Paine, luego Vizcardo Guzmán (pionero de Francisco de Miranda) y finalmente los traductores de Paine, donde ninguno cita al ilustre autor de El espíritu de las Leyes. En el volumen también se interpretan episodios como el de la Isla Amelia en las costas de Florida que Pazos intentó sea una república, aunque poblada por corsarios y piratas, con constitución “traducida” de la norteamericana, y sus preocupaciones por vincular a Bolivia con el Atlántico a través de ríos navegables afluentes del Amazonas, mostrando su comprensión de las fuerzas geopolíticas del siglo XIX, cuestiones estas que se conoce con algún detalle gracias al trabajo de eminentes historiadores estadounidenses como Charles Bowman y Charles Arnade. El Dr. Gustavo Fernandez Saavedra, ex Canciller de la República, que tuvo la amabilidad de auspiciar con sus palabras la presentación de este librito, ha señalado que siendo breve, contiene la densidad necesaria para pensar las circunstancias actuales, vitalizando la mencionada tradición, y que los reclamos de Don Vicente Pazos Kanki siguen pendientes para los desafíos del presente, aun cuando se ha avanzado en la conformación de una patria con cabida para todos y todas.

martes, 26 de junio de 2012

Contemporary Political and Socioeconomic Processes in Bolivia

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 9:05:00, under , | No comments

lunes, 25 de junio de 2012

Descentralización en Colombia y Bolivia y la democratización en América Andina

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 18:27:00, under , | No comments

viernes, 27 de abril de 2012

Reseña de Radical democracy in th Andes. El trabajo comprometido de una académica estadounidense

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 11:51:00, under | No comments

En nuestro medio ha pasado inadvertida la obra de una importante latinoamericanista que desde la Ciencia Política se ha ocupado centralmente de Bolivia. A diferencia de los académicos de esta disciplina, fue de las primeras en el Norte de ocuparse de los partidos indigenistas, o mejor, de la política emprendida por y con banderas de los pueblos indígenas en nuestra región. La última –luego veremos en qué exacto sentido- de las obras de Donna Lee Van Cott fue Radical Democracy in the Andes. (Cambridge University Press, New York, 2008) ya como miembro del cuerpo docente de la University of Connecticut.

En el citado libro, la autora realiza una comparación de los partidos indigenistas en Ecuador y Bolivia principalmente, en funciones de gobierno municipal. El área andina fue el ámbito privilegiado de su trabajo de investigación que a finales de los noventas hiciera con los procesos de reforma constitucional e institucional en Colombia y Bolivia publicado con el entusiasta título de The Friendly Liquidation of the Past (Pittsburg, University of Pittsburg Press, 2000), que fue inicialmente su tesis doctoral. Otro de sus libros (From Movements to Parties in Latin America:The Evolution of Ethnic Politics (2005, Cambridge University Press), entre uno y otro de los nombrados fue merecedor del premio de mejor libro en Política comparada en la rtespectiva sección de la comunidad académica de latinoamericanistas (LASA). Sirvan estos antecedentes para leer las afirmaciones a continuación como provenientes de alguien con trabajo académico serio sobre nuestros países y su realidad política.

En continuidad con los procesos políticos que permitieron la visibilidad y protagonismo de los pueblos indígenas y sus expresiones políticas, la Dra. Van Cott se concentra en los municipios donde el Movimiento Pachakutik del Ecuador y el MAS de Bolivia gobiernan. Lo dice con la mayor claridad, algo que se retacea por aquí:

“La LPP –Ley de Participación Popular- que directamente resulta en la formación del MAS, habilitando a las organizaciones del movimiento social indígena a entrar a  la política local en gran número”.  (Van Cott. 2008: 208, mi traducción, como las sucesivas).

Y sabemos que fueron otra leyes más y su implementación las que dieron lugar a la orientación territorial que facilitó la emergencia de liderazgos distintos de los hasta entonces vigentes, como la introducción de diputados uninominales (del que Evo Morales fue conspicuo ganador en su respectiva circunscripción), la formación de las TCO principalmente en tierras bajas con la aplicación de la Ley INRA, la puesta en marcha de la EIB con la reforma educativa y la conformación de CEPOs (Consejos Educativos de Pueblos Originarios) permitiendo pensar pre-jurisdicciones por criterios étnico-culturales más allá de la división político administrativa entonces vigente.

Luego de valorar méritos de la presencia de tales organizaciones, nuestra autora sostiene:

“Estos logros tienen alto costo que los demócratas radicales pueden ser reticentes a pagar. La governanza en los casos estudiados está permeada por normas antidemocráticas: el legítimo uso de la violencia y la intimidación contra los adversarios, la monopolización del poder y la expulsión de los adversarios, la subyugación y la humillación de las mujeres, presiones sociales para conformar el consenso acordado por las cúpulas de líderes, y la poca consideración por los derechos de las minorías” (idem).

Debe decirse que el estudio de Van Cott termina en 2005, por tanto da cuenta del comportamiento de municipios dirigidos por masistas en el altiplano paceño y en el Chapare cochabambino. Anticipa lo que hemos visto a escala nacional[1] desde el 2007, luego del año de luna de miel inicial; aunque entonces sea también evidente la corresponsabilidad de una oposición que en el límite le apostó por salidas fuera del ámbito institucional; es decir que no actuó como “oposición leal”.

Las conclusiones finales del libro, digamos el legado de esta estudiosa, no deja lugar a equívocos, se subtitula “El valor añadido (y sustraído) de los partidos indígenas”,  señalando luces y sombras:

“En los Andes los partidos indígenas traen al gobierno local una ética de reciprocidad, confianza dentro del grupo y orientación al bien común, mientras desalientan el interés egoísta y la falta de compromiso.” (op. Cit 223, énfasis añadido)

Pero también es claro que esas virtudes y las de autonomía y autogobierno, funcionan cuando hay la competencia de otras fuerzas y ellos, dado que esto se
“percibe como incentivo para cooperar. De otro modo, los partidos indígenas frecuentemente persiguen autogobierno a expensas de principios democráticos, tales como derechos de minoría, equidad de género, libre expresión y pluralismo político.” (ídem 225)

Así el valor sustraído, y lo dice con la laconía y precisión que la cosa amerita:
Este proyecto es radicalmente igualitario, pero no es radicalmente democrático” (id. 227, mi énfasis GRO).

Quiero transitar ahora esta reseña a un breve homenaje. Donna ya no está entre nosotros, pues nos abandonó el 2009. No me cabe duda que su trabajo tenía también motivaciones de orden moral, como son en las ciencias sociales y humanas (y quizás más allá) para los trabajos de calidad. La conocí cuando ambos éramos jóvenes en el LASA de Los Ángeles en 1992, ella entonces más activista a favor de los pueblos indígenas que scholar. Nos reencontramos a fines de 1996 cuando asistió a uno de nuestros seminarios del monitoreo de la LPP que realizamos en la recordada Unidad de Investigación y Análisis de la Secretaría de gobierno respectiva. Nos escuchaba atentamente y sólo tiempo después me hizo comentarios críticos a solas, cuidando de no lastimar la confianza que le permitió conocer de primera mano nuestros logros y dificultades como sociedad. Luego sólo supe sus méritos académicos hasta que un colega me hizo conocer el libro que ahora tratamos junto con la noticia de luto. Su labor intelectual tiene valía propia, en ese enfoque tan promisorio como es el trabajo comparado; pero su ausencia hace más notoria la necesidad de afrontar la aquilatación política más allá de adopciones emotivas circunstanciales. Al menos eso es lo que creo que nos toca específicamente a quienes nos dedicamos profesionalmente a estos afanes, y en ámbitos mayores a los locales, sirva esta última admonición:

“En ausencia (de instituciones democráticas, así sean débiles) experimentos innovadores están muy probablemente destinados a fallar, no importan cuan bien intencionados o diseñados sean” (Van Cott. 2008:  229-30).

PUBLICADO EN TRASPATIOS. nRO. 2, COCHABAMBA: ciso-umss, marzo 2011.

[1] Es claro que aquí me concentro en la “parte boliviana” de su trabajo, aunque sus conclusiones valen también para el caso del Ecuador, porque la Presidencia de Rafael Correa tiene sus propias peculiaridades, que son parte de la historia inmediatamente posterior a lo estudiado por Van Cott.

lunes, 27 de febrero de 2012

La nación boliviana debe poder expresarse en el censo venidero

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 14:42:00, under ,, | No comments

De nuevo, el listado de opciones de autoidentificación de la boleta propuesta para el Censo nacional que debe llevarse adelante este año ha desatado una polémica, donde la mayoría de las posiciones reinvindican incluir la opción “mestizo” en tal listado. Vamos a argumentar aquí algo inclusivo para quienes de otro modo sólo tiene una opción negativa (“no pertenece”, los que en el censo anterior fuimos “ninguno”), que creemos presenta ventajas a la demandada por la mayoría de colegas.
Digamos de inicio que las identidades sociales e individuales son varias, dependen de las circunstancias, de tipo histórico, social y geográfico; o como dicen los discursos postmodernos “contingentes y contextuales”. En una sociedad democrática esta variedad debe poder expresarse; a contramano, los regímenes autoritarios prefieren una dimensión identitaria (para cooptarla o controlarla) y cuando tiene connotaciones religiosas (de credo), éstas se hacen integristas, fundamentalistas.
Una identidad importante en el mundo contemporáneo tiene que ver con la de la ciudadanía en el Estado-nación, la nacionalidad. Esto está vigente todavía, aun hoy en tiempos de “glocalización” (globalización + localismo). Un texto clásico del tema, el de B. Anderson (1993), Comunidades imaginadas, enfatiza el rol –precisamente- de los censos, mapas e himnos nacionales en la creación desde el Estado del sentido moderno de nación. Se trata de que los miembros formales de esos estados, creados a inicios del siglo XIX para nuestro continente, se sientan parte de esa inmensa “comunidad”, a la vez limitada. En Europa fue desde mediados del siglo XVII, con la paz de Westfalia que se dio inicio al nacimiento del moderno Estado-nación, justo homogenizando territorios con soberanos de explícito credo religioso. Llevó tres siglos su configuración a escala mundial con ese formato (final de la segunda guerra mundial), por lo que debemos ser conscientes de que una construcción de tal magnitud no desaparece de un día a otro y basta ver los avances y retrocesos en la integración política continental en la Europa contemporánea.
Esta dimensión afectiva y volitiva del censo, claramente está manifestada en esta pregunta de autoidentificación, pero referida exclusivamente a las “naciones” indígena-originarias campesinas y afrobolivianas. En esta versión ya no son las 36 que se enlistan como lengua en la Constitución, sino ¡56![1]. El censo de 1992, como el de 1976 casi invisibilizaban las diferencias culturales (sólo registraban lengua materna), ahora vamos al extremo de aumentar crecientemente estas adscripciones, como si de tribalizar el país se tratara.
Tratemos de equilibrar la cuestión. Es legítimo que las identidades étnico-culturales se expresen; de hecho, gran parte de la novedad del régimen actual se basa en esa legitimidad. Pero es también necesario que se exprese la nación boliviana, no como categoría residual, sino como una positiva, con los afectos y voluntad que implica “ser en el mundo” como escribe nuestro Zavaleta en su postrer Lo nacional popular en Bolivia hace un cuarto de siglo: “…una racionalización totalmente válida porque, al menos en el mundo que vivimos, es mejor ser una nación que el no serlo y la forma de ser en la época es serlo en la forma de naciones” (p.181). Se lo debemos a nuestros héroes republicanos, los del Chaco para mayor familiaridad (la masa de nuestros invisibles muertos, diría E. Canetti).
Congruente con el Art. 3 de la CPE actual, donde la nación boliviana aparece como la nación de naciones, ésta debe poder manifestarse de manera que la inmensa mayoría tendrá al menos una identidad positiva, y de manera no excluyente dos o tres.  A las tendencias centrípetas de localización (donde hay que incluir el clivaje regional), acompañamos un fuerza de tipo centrípeto. Y verdaderamente necesitamos ese vector en los afectos y voluntades: La auditoría de la democracia Informe Bolivia 2004, que el proyecto LAPOP por M. Seligson, D. Moreno y V. Schuarz (2005: p. 39) nos coloca en último lugar (con 85%) en orgullo de nacionalidad (estatal) entre 10 países latinoamericanos y ocho de ellos están con 92% ó más. Y esto es antes de que seamos Estado plurinacional con autonomías…
Unas palabras sobre la opción “mestizo”. Como identidad sinónima del proyecto de estado homogéneo ya cumplió su ciclo político. Todos los estados, incluido el mexicano –donde tal proyecto fue explícito desde José Vasconcelos con la “raza cósmica” y en su momento exitoso, son parte ahora del constitucionalismo latinoamericano que reconoce –con grados de intensidad distinto- las diferencias étnico-culturales. Por las mismas encuestas de LAPOP –y otras con esos dos tipos de preguntas- sabemos que los “ninguno” se sienten mestizos, pero también una buena parte de los que se sienten además identificados con algún pueblo indígena. Con la categoría “boliviano/a” esa al menos doble identidad crecerá significativamente evitando que la diversidad sea dispersión.
No se trata sólo de agregar, sino de hacer patente en el cuerpo social y en sus eventuales planificadores la complejidad del asunto que nos induzca –de nuevo socialmente- a pensar la interculturalidad como encuentro enriquecedor y no de confrontación; o al menos no únicamente de ello, que en eso ya tenemos una larga tradición con notorios claroscuros. Soy consciente de que “boliviano/a” no es una categoría étnico-cultural, sino política. Precisamente por ello insisto en incluirla. Es la categoría más incluyente posible en un censo nacional, además está vigente en el mundo y lo estará por un tiempo que los nacidos en el siglo XX la seguiremos viendo por el resto de nuestros días y es posible que nuestro compatriotas del XXI también.



[1] En un taller para discutir estos temas organizado por el Instituto Prisma y la UAGRM en Santa Cruz (3-II-12), un funcionario del INE respondió que se incluyó 4 tipos de mojeño  (ignaciano, javeriano, loretano y trinitario) por solicitud mediante carta de las organizaciones de ese pueblo. Está claro que ese no puede ser el criterio de inclusión de más pueblos.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Ciudadanía y “Empoderamiento”

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 10:15:00, under , | No comments


Ciudadanía es un concepto que expresa principalmente un aspecto político, una condición en la polis, la de no ser súbdito, la de tener derechos ante el poder político, principalmente. Hoy es debatida la ampliación que en su momento formuló T. H. Marshall siguiendo el caso inglés que empieza destacando derechos civiles y continúa en otros ámbitos. En el amplio arco de la historia, desde la antigüedad clásica (greco-romana), la idea de ciudadanía está indisolublemente ligada a la vigencia republicana, como régimen político de la democracia, opuesta a la concentración de poderes, usualmente en una persona y modernamente en un “aparato” (partido único). Guillermo O´Donnell trazó una trayectoria de ciudadanía para América Latina que se inicia en el siglo XIX con explícito reconocimiento de derechos políticos, a contra mano del régimen colonial ibérico, que es la base de la perspectiva que adopta el PNUD en el documento sobre Democracia de ciudadanos  (2004) que podría parecer tautológico si no captamos que se quiere enfatizar la mirada de los gobernados –en tanto libres e iguales- antes que la de los gobernantes.

“Empoderamiento”, término derivado del inglés quiere destacar este “ganar poder”, el potenciamiento de ciertos sectores que en relación a otros están (o han estado) de facto en cierta condición de inferioridad, hasta hace poco en el mundo occidental, las mujeres, por ejemplo. Para referir esto a nuestro contexto, la creciente revalorización de ciertas prácticas y vigencia de discursos que reivindican a los pueblos indígenas y por esa vía a lo rural en nuestro país –y otros de la región- en contexto de la vigencia del régimen democrático conquistado a fines de los 70s e inicios de los 80s, es un buen ejemplo de lo dicho; y también puede verse en sus riesgos.

Elaboramos algo más esto, que puede verse también como efectos “indeseados” o “perversos”, que nos hace conscientes de que el arreglo democrático es un juego de equilibrios, que incluso para alcanzar éste –siempre provisorio- como está inserto en contexto de poder, difícilmente tiene recaudos propios, o automoderación. Un colega ecuatoriano se refirió gráficamente a este efecto, en el caso específico de la aplicación de la Ley de Participación Popular[1] como “el engorde del actor”, para señalar que lo deseable es una figura atlética; que en la realidad tiene que ver con vigencia no sólo de derechos sino de responsabilidades, que son siempre con otros, precisamente porque se está interactuando en la comunidad política.

Recordemos que ese inicio del desarrollo moderno de la ciudadanía vino del ámbito conciencial (credo personal, no asunto del Estado), lo que remite a lo individual; pero en su despliegue necesariamente involucra a otros –así sea puramente en el ámbito privado- por lo que lo colectivo aparece como el complemento necesario, que cobra visibilidad en la dimensión de lo público.


[1] La LPP es sin duda una política pública exitosa en la Bolivia contemporánea, pero habría que tratar de enfocarnos en otras más recientes, quizás vinculadas al actual ciclo político y económico, digamos del 2005 adelante.