martes, 26 de junio de 2012

Contemporary Political and Socioeconomic Processes in Bolivia

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lunes, 25 de junio de 2012

Descentralización en Colombia y Bolivia y la democratización en América Andina

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viernes, 27 de abril de 2012

Reseña de Radical democracy in th Andes. El trabajo comprometido de una académica estadounidense

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 11:51:00, under | No comments

En nuestro medio ha pasado inadvertida la obra de una importante latinoamericanista que desde la Ciencia Política se ha ocupado centralmente de Bolivia. A diferencia de los académicos de esta disciplina, fue de las primeras en el Norte de ocuparse de los partidos indigenistas, o mejor, de la política emprendida por y con banderas de los pueblos indígenas en nuestra región. La última –luego veremos en qué exacto sentido- de las obras de Donna Lee Van Cott fue Radical Democracy in the Andes. (Cambridge University Press, New York, 2008) ya como miembro del cuerpo docente de la University of Connecticut.

En el citado libro, la autora realiza una comparación de los partidos indigenistas en Ecuador y Bolivia principalmente, en funciones de gobierno municipal. El área andina fue el ámbito privilegiado de su trabajo de investigación que a finales de los noventas hiciera con los procesos de reforma constitucional e institucional en Colombia y Bolivia publicado con el entusiasta título de The Friendly Liquidation of the Past (Pittsburg, University of Pittsburg Press, 2000), que fue inicialmente su tesis doctoral. Otro de sus libros (From Movements to Parties in Latin America:The Evolution of Ethnic Politics (2005, Cambridge University Press), entre uno y otro de los nombrados fue merecedor del premio de mejor libro en Política comparada en la rtespectiva sección de la comunidad académica de latinoamericanistas (LASA). Sirvan estos antecedentes para leer las afirmaciones a continuación como provenientes de alguien con trabajo académico serio sobre nuestros países y su realidad política.

En continuidad con los procesos políticos que permitieron la visibilidad y protagonismo de los pueblos indígenas y sus expresiones políticas, la Dra. Van Cott se concentra en los municipios donde el Movimiento Pachakutik del Ecuador y el MAS de Bolivia gobiernan. Lo dice con la mayor claridad, algo que se retacea por aquí:

“La LPP –Ley de Participación Popular- que directamente resulta en la formación del MAS, habilitando a las organizaciones del movimiento social indígena a entrar a  la política local en gran número”.  (Van Cott. 2008: 208, mi traducción, como las sucesivas).

Y sabemos que fueron otra leyes más y su implementación las que dieron lugar a la orientación territorial que facilitó la emergencia de liderazgos distintos de los hasta entonces vigentes, como la introducción de diputados uninominales (del que Evo Morales fue conspicuo ganador en su respectiva circunscripción), la formación de las TCO principalmente en tierras bajas con la aplicación de la Ley INRA, la puesta en marcha de la EIB con la reforma educativa y la conformación de CEPOs (Consejos Educativos de Pueblos Originarios) permitiendo pensar pre-jurisdicciones por criterios étnico-culturales más allá de la división político administrativa entonces vigente.

Luego de valorar méritos de la presencia de tales organizaciones, nuestra autora sostiene:

“Estos logros tienen alto costo que los demócratas radicales pueden ser reticentes a pagar. La governanza en los casos estudiados está permeada por normas antidemocráticas: el legítimo uso de la violencia y la intimidación contra los adversarios, la monopolización del poder y la expulsión de los adversarios, la subyugación y la humillación de las mujeres, presiones sociales para conformar el consenso acordado por las cúpulas de líderes, y la poca consideración por los derechos de las minorías” (idem).

Debe decirse que el estudio de Van Cott termina en 2005, por tanto da cuenta del comportamiento de municipios dirigidos por masistas en el altiplano paceño y en el Chapare cochabambino. Anticipa lo que hemos visto a escala nacional[1] desde el 2007, luego del año de luna de miel inicial; aunque entonces sea también evidente la corresponsabilidad de una oposición que en el límite le apostó por salidas fuera del ámbito institucional; es decir que no actuó como “oposición leal”.

Las conclusiones finales del libro, digamos el legado de esta estudiosa, no deja lugar a equívocos, se subtitula “El valor añadido (y sustraído) de los partidos indígenas”,  señalando luces y sombras:

“En los Andes los partidos indígenas traen al gobierno local una ética de reciprocidad, confianza dentro del grupo y orientación al bien común, mientras desalientan el interés egoísta y la falta de compromiso.” (op. Cit 223, énfasis añadido)

Pero también es claro que esas virtudes y las de autonomía y autogobierno, funcionan cuando hay la competencia de otras fuerzas y ellos, dado que esto se
“percibe como incentivo para cooperar. De otro modo, los partidos indígenas frecuentemente persiguen autogobierno a expensas de principios democráticos, tales como derechos de minoría, equidad de género, libre expresión y pluralismo político.” (ídem 225)

Así el valor sustraído, y lo dice con la laconía y precisión que la cosa amerita:
Este proyecto es radicalmente igualitario, pero no es radicalmente democrático” (id. 227, mi énfasis GRO).

Quiero transitar ahora esta reseña a un breve homenaje. Donna ya no está entre nosotros, pues nos abandonó el 2009. No me cabe duda que su trabajo tenía también motivaciones de orden moral, como son en las ciencias sociales y humanas (y quizás más allá) para los trabajos de calidad. La conocí cuando ambos éramos jóvenes en el LASA de Los Ángeles en 1992, ella entonces más activista a favor de los pueblos indígenas que scholar. Nos reencontramos a fines de 1996 cuando asistió a uno de nuestros seminarios del monitoreo de la LPP que realizamos en la recordada Unidad de Investigación y Análisis de la Secretaría de gobierno respectiva. Nos escuchaba atentamente y sólo tiempo después me hizo comentarios críticos a solas, cuidando de no lastimar la confianza que le permitió conocer de primera mano nuestros logros y dificultades como sociedad. Luego sólo supe sus méritos académicos hasta que un colega me hizo conocer el libro que ahora tratamos junto con la noticia de luto. Su labor intelectual tiene valía propia, en ese enfoque tan promisorio como es el trabajo comparado; pero su ausencia hace más notoria la necesidad de afrontar la aquilatación política más allá de adopciones emotivas circunstanciales. Al menos eso es lo que creo que nos toca específicamente a quienes nos dedicamos profesionalmente a estos afanes, y en ámbitos mayores a los locales, sirva esta última admonición:

“En ausencia (de instituciones democráticas, así sean débiles) experimentos innovadores están muy probablemente destinados a fallar, no importan cuan bien intencionados o diseñados sean” (Van Cott. 2008:  229-30).

PUBLICADO EN TRASPATIOS. nRO. 2, COCHABAMBA: ciso-umss, marzo 2011.

[1] Es claro que aquí me concentro en la “parte boliviana” de su trabajo, aunque sus conclusiones valen también para el caso del Ecuador, porque la Presidencia de Rafael Correa tiene sus propias peculiaridades, que son parte de la historia inmediatamente posterior a lo estudiado por Van Cott.

lunes, 27 de febrero de 2012

La nación boliviana debe poder expresarse en el censo venidero

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 14:42:00, under ,, | No comments

De nuevo, el listado de opciones de autoidentificación de la boleta propuesta para el Censo nacional que debe llevarse adelante este año ha desatado una polémica, donde la mayoría de las posiciones reinvindican incluir la opción “mestizo” en tal listado. Vamos a argumentar aquí algo inclusivo para quienes de otro modo sólo tiene una opción negativa (“no pertenece”, los que en el censo anterior fuimos “ninguno”), que creemos presenta ventajas a la demandada por la mayoría de colegas.
Digamos de inicio que las identidades sociales e individuales son varias, dependen de las circunstancias, de tipo histórico, social y geográfico; o como dicen los discursos postmodernos “contingentes y contextuales”. En una sociedad democrática esta variedad debe poder expresarse; a contramano, los regímenes autoritarios prefieren una dimensión identitaria (para cooptarla o controlarla) y cuando tiene connotaciones religiosas (de credo), éstas se hacen integristas, fundamentalistas.
Una identidad importante en el mundo contemporáneo tiene que ver con la de la ciudadanía en el Estado-nación, la nacionalidad. Esto está vigente todavía, aun hoy en tiempos de “glocalización” (globalización + localismo). Un texto clásico del tema, el de B. Anderson (1993), Comunidades imaginadas, enfatiza el rol –precisamente- de los censos, mapas e himnos nacionales en la creación desde el Estado del sentido moderno de nación. Se trata de que los miembros formales de esos estados, creados a inicios del siglo XIX para nuestro continente, se sientan parte de esa inmensa “comunidad”, a la vez limitada. En Europa fue desde mediados del siglo XVII, con la paz de Westfalia que se dio inicio al nacimiento del moderno Estado-nación, justo homogenizando territorios con soberanos de explícito credo religioso. Llevó tres siglos su configuración a escala mundial con ese formato (final de la segunda guerra mundial), por lo que debemos ser conscientes de que una construcción de tal magnitud no desaparece de un día a otro y basta ver los avances y retrocesos en la integración política continental en la Europa contemporánea.
Esta dimensión afectiva y volitiva del censo, claramente está manifestada en esta pregunta de autoidentificación, pero referida exclusivamente a las “naciones” indígena-originarias campesinas y afrobolivianas. En esta versión ya no son las 36 que se enlistan como lengua en la Constitución, sino ¡56![1]. El censo de 1992, como el de 1976 casi invisibilizaban las diferencias culturales (sólo registraban lengua materna), ahora vamos al extremo de aumentar crecientemente estas adscripciones, como si de tribalizar el país se tratara.
Tratemos de equilibrar la cuestión. Es legítimo que las identidades étnico-culturales se expresen; de hecho, gran parte de la novedad del régimen actual se basa en esa legitimidad. Pero es también necesario que se exprese la nación boliviana, no como categoría residual, sino como una positiva, con los afectos y voluntad que implica “ser en el mundo” como escribe nuestro Zavaleta en su postrer Lo nacional popular en Bolivia hace un cuarto de siglo: “…una racionalización totalmente válida porque, al menos en el mundo que vivimos, es mejor ser una nación que el no serlo y la forma de ser en la época es serlo en la forma de naciones” (p.181). Se lo debemos a nuestros héroes republicanos, los del Chaco para mayor familiaridad (la masa de nuestros invisibles muertos, diría E. Canetti).
Congruente con el Art. 3 de la CPE actual, donde la nación boliviana aparece como la nación de naciones, ésta debe poder manifestarse de manera que la inmensa mayoría tendrá al menos una identidad positiva, y de manera no excluyente dos o tres.  A las tendencias centrípetas de localización (donde hay que incluir el clivaje regional), acompañamos un fuerza de tipo centrípeto. Y verdaderamente necesitamos ese vector en los afectos y voluntades: La auditoría de la democracia Informe Bolivia 2004, que el proyecto LAPOP por M. Seligson, D. Moreno y V. Schuarz (2005: p. 39) nos coloca en último lugar (con 85%) en orgullo de nacionalidad (estatal) entre 10 países latinoamericanos y ocho de ellos están con 92% ó más. Y esto es antes de que seamos Estado plurinacional con autonomías…
Unas palabras sobre la opción “mestizo”. Como identidad sinónima del proyecto de estado homogéneo ya cumplió su ciclo político. Todos los estados, incluido el mexicano –donde tal proyecto fue explícito desde José Vasconcelos con la “raza cósmica” y en su momento exitoso, son parte ahora del constitucionalismo latinoamericano que reconoce –con grados de intensidad distinto- las diferencias étnico-culturales. Por las mismas encuestas de LAPOP –y otras con esos dos tipos de preguntas- sabemos que los “ninguno” se sienten mestizos, pero también una buena parte de los que se sienten además identificados con algún pueblo indígena. Con la categoría “boliviano/a” esa al menos doble identidad crecerá significativamente evitando que la diversidad sea dispersión.
No se trata sólo de agregar, sino de hacer patente en el cuerpo social y en sus eventuales planificadores la complejidad del asunto que nos induzca –de nuevo socialmente- a pensar la interculturalidad como encuentro enriquecedor y no de confrontación; o al menos no únicamente de ello, que en eso ya tenemos una larga tradición con notorios claroscuros. Soy consciente de que “boliviano/a” no es una categoría étnico-cultural, sino política. Precisamente por ello insisto en incluirla. Es la categoría más incluyente posible en un censo nacional, además está vigente en el mundo y lo estará por un tiempo que los nacidos en el siglo XX la seguiremos viendo por el resto de nuestros días y es posible que nuestro compatriotas del XXI también.



[1] En un taller para discutir estos temas organizado por el Instituto Prisma y la UAGRM en Santa Cruz (3-II-12), un funcionario del INE respondió que se incluyó 4 tipos de mojeño  (ignaciano, javeriano, loretano y trinitario) por solicitud mediante carta de las organizaciones de ese pueblo. Está claro que ese no puede ser el criterio de inclusión de más pueblos.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Ciudadanía y “Empoderamiento”

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 10:15:00, under , | No comments


Ciudadanía es un concepto que expresa principalmente un aspecto político, una condición en la polis, la de no ser súbdito, la de tener derechos ante el poder político, principalmente. Hoy es debatida la ampliación que en su momento formuló T. H. Marshall siguiendo el caso inglés que empieza destacando derechos civiles y continúa en otros ámbitos. En el amplio arco de la historia, desde la antigüedad clásica (greco-romana), la idea de ciudadanía está indisolublemente ligada a la vigencia republicana, como régimen político de la democracia, opuesta a la concentración de poderes, usualmente en una persona y modernamente en un “aparato” (partido único). Guillermo O´Donnell trazó una trayectoria de ciudadanía para América Latina que se inicia en el siglo XIX con explícito reconocimiento de derechos políticos, a contra mano del régimen colonial ibérico, que es la base de la perspectiva que adopta el PNUD en el documento sobre Democracia de ciudadanos  (2004) que podría parecer tautológico si no captamos que se quiere enfatizar la mirada de los gobernados –en tanto libres e iguales- antes que la de los gobernantes.

“Empoderamiento”, término derivado del inglés quiere destacar este “ganar poder”, el potenciamiento de ciertos sectores que en relación a otros están (o han estado) de facto en cierta condición de inferioridad, hasta hace poco en el mundo occidental, las mujeres, por ejemplo. Para referir esto a nuestro contexto, la creciente revalorización de ciertas prácticas y vigencia de discursos que reivindican a los pueblos indígenas y por esa vía a lo rural en nuestro país –y otros de la región- en contexto de la vigencia del régimen democrático conquistado a fines de los 70s e inicios de los 80s, es un buen ejemplo de lo dicho; y también puede verse en sus riesgos.

Elaboramos algo más esto, que puede verse también como efectos “indeseados” o “perversos”, que nos hace conscientes de que el arreglo democrático es un juego de equilibrios, que incluso para alcanzar éste –siempre provisorio- como está inserto en contexto de poder, difícilmente tiene recaudos propios, o automoderación. Un colega ecuatoriano se refirió gráficamente a este efecto, en el caso específico de la aplicación de la Ley de Participación Popular[1] como “el engorde del actor”, para señalar que lo deseable es una figura atlética; que en la realidad tiene que ver con vigencia no sólo de derechos sino de responsabilidades, que son siempre con otros, precisamente porque se está interactuando en la comunidad política.

Recordemos que ese inicio del desarrollo moderno de la ciudadanía vino del ámbito conciencial (credo personal, no asunto del Estado), lo que remite a lo individual; pero en su despliegue necesariamente involucra a otros –así sea puramente en el ámbito privado- por lo que lo colectivo aparece como el complemento necesario, que cobra visibilidad en la dimensión de lo público.


[1] La LPP es sin duda una política pública exitosa en la Bolivia contemporánea, pero habría que tratar de enfocarnos en otras más recientes, quizás vinculadas al actual ciclo político y económico, digamos del 2005 adelante.

lunes, 29 de agosto de 2011

Democracia y lucidez. Bolivia ante otra crítica oportunidad (I)

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 17:00:00, under , | No comments

Gonzalo Rojas Ortuste I

sábado, 27 de agosto de 2011

Democracia y lucidez. Bolivia ante otra crítica oportunidad (II)

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Gonzalo Rojas Ortuste II

miércoles, 20 de julio de 2011

Democracia y lucidez: Bolivia ante otra crítica oportunidad

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 17:04:00, under ,,,, | No comments

Documento inicialmente solicitado por la fBDM (Fundación Boliviana para la Democracia Multipartidaria). Este texto, no se publicó finalmente como parte de un solo volumen. Como no ha perdido su actualidad y hay versiones similares de los otros dos autores con los que se dialoga, nos parece pertinente publicarlo aquí.


"El que quiere reformar un estado anticuado en una ciudad libre, por lo menos debe conservar la sombra de las costumbres antiguas."

N. Maquiavelo. Discursos sobre la primera década de Tito Livio. I, xxv


En Bolivia la vida política transcurre de modo acelerado, casi febril y sin embargo tanto esfuerzo no necesariamente se trasunta en mejores condiciones de vida. Por razones que nos falta tenerlas claras socialmente, generamos condiciones para pensar puntos de despegue que luego terminan siendo frustraciones. Un importante crítico social, Carlos Medinacelli, identificó como característica boliviana la falta de voluntad perseverante. Porque no es que no le pongamos entusiasmo al asunto, a veces demasiado; tanto que nos impide ver más allá de la inmediata circunstancia y no atendemos a cuestiones cruciales para que nuestros empeños den frutos: de donde venimos? Cuáles nuestras metas que sólo siendo colectivas serán permanentes? Un proverbio francés afirma que el tiempo sólo respeta lo que se construye con su ayuda. Debiéramos hacer de esto divisa nacional, no para que la parsimonia se enseñoree, sino para que no nos gane el atropello, el falso afán.

La democracia no apareció ni se desarrolló en la historia de la humanidad en un día. Aquí, sin embargo nos referiremos a los desarrollos modernos y contemporáneos para pensar tozudamente que es posible aquí, en Bolivia, que tiene tradiciones políticas más vistosas –las masas en acción- pero más efímeras también, aunque retorne siempre entronando caudillos, más que hombres de Estado. Hay, felizmente, también otras, menos reconocidas quizás porque son menos nítidas o porque son más recientes, que tienen la modestia de las reformas –que contrapuestas a las denominadas “revolucionarias”- tiene virtudes pocas veces apreciadas en los discursos políticos, casi siempre de tonos rimbombantes y no pocas con invitaciones marciales, así sean –felizmente- de retórica en su mayoría.
(El texto in extenso aparecerá en el quincenario Nueva Crónica y Buen Gobierno en dos entregas venideras)

miércoles, 6 de julio de 2011

Preparando mi visita a Chipaya, emergente autonomía indígena

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 17:47:00, under ,, | No comments

Nathan Wachtel usó en uno de sus trabajos más afamados la expresión “los vencidos de los vencidos” para referirse a los chipaya y a su entorno aymara y la recordará en la que probablemente sea su última visita (Wachtel 1997:35) a un pueblo donde él, a pesar de su formación como académico occidental –y quizás también por eso- sabe que influye y es influido por una cultura, que deteriorada y con cambios, tozudamente, permanece también. Nosotros conjeturamos que en un universo humano diferenciado del resto y por su bajo número demográfico es más fácil detectar ese doble movimiento de incidencia, del observador que deviene actor y los observados que afectan al observador. Todo esto viene a cuento para constatar, además de verificar el “principio de incertidumbre” de Heisenberg en las disciplinas sociales –con más razón- este recuento, a finales de los 80s, nos muestra las dinámicas de tensiones, cruces de lealtades, momentos de catarsis en su doble aspecto de máxima intensidad y desahogo tan propia de cualquier colectividad humana, y que de esta universalidad no se sigue una indiferencia sino una empatía muy difícil de exorcizar. Buena prevención, con todo, para cualquier mirada idílica.

Wachtel, Nathan. 1997. .Dioses y vampiros. Regreso a Chipaya México: FCE.

jueves, 30 de junio de 2011

Bolivia entre elecciones, (muy poca) renovación democrática y plebiscitarismo

Posted by Gonzalo Rojas Ortuste 9:57:00, under ,,, | No comments

Gonzalo Rojas Ortuste
La Paz, febrero 2010.

“Y, en una república, nunca debería suceder nada que obligara a gobernar con medidas extraordinarias. Porque, a pesar de que el recurso extraordinario fuera bueno en el momento, sin embargo, el ejemplo es malo porque, si se acostumbra romper la legalidad para bien, se romperá para mal bajo la apariencia de bien”. I, xxxiv.
“Es un mal ejemplo no observar una ley hecha, especialmente de parte de quien la ha dictado, y también renovar todos los días nuevas ofensas en una ciudad es muy perjudicial para quien gobierna”. I, xlv.

Maquiavelo. Discursos sobre la primera década de Tito Livio

I. Introducción:

Este trabajo aborda brevemente la circunstancia política luego del contundente triunfo electoral del MAS a fines del 2009 y las venideras elecciones subestatales (en términos territoriales), que necesariamente parte de una caracterización de lo que se está configurando más allí de la insistente retórica del “cambio” y señala algunos elementos en perspectiva teniendo en cuenta las elecciones similares (municipales nítidas desde 1987 y principalmente desde 1995, y con el único caso de las prefecturales del 2005). Las referencias teóricas son necesarias para entender el asunto de manera menos anecdótica y con especial referencia a las implicaciones institucionales de tipo democrático.

II. Antecedentes inmediatos:

Los hechos políticos del último trimestre son elocuentes. En Dic. 2009 la apabullante victoria electoral que reelige al Presidente Morales, en enero 2010 se lo enseñorea (quizás es más claro decir que se trata de una suerte de entronización) y en Feb. 2010 se aprueba con gran celeridad la llamada “Ley Corta” por la cual el Presidente puede nombrar interinamente los más altos cargos del poder judicial. Febrero, mes del carnaval, también nos apabulló con otra noticia: el caso Patzi, relevante para nuestro tema.

En los últimos años el país ha acudido reiteradamente a las urnas para enfrentar una profunda crisis política. Luego de reiterados recursos, que se enlistan a continuación sólo de la “era Evo Morales” se pudo finalmente tener un “ganador neto”.

El uso recurrente de las urnas con una figura prominente, que ciertamente es mejor que el sólo recurso a la violencia; sin embargo utilizado casi hasta quedar exhaustos más que ciudadanos, votantes, tiene nombre conocido en la sociología política desde casi hace un siglo: “democracia plebiscitaria del líder”, de la que examinaremos sus implicaciones en la trama institucional un poco más adelante.

La posesión en Tiawanacu, que ya no tiene la novedad y el lado emotivo que casi espontáneamente se generó luego de su triunfo inicial del 2005, sino responde a una deliberada construcción de un liderazgo con elementos mesiánicos, incluida la declaración de feriado nacional, que de ser algo institucionalistas podría haber estado ligado al nuevo Texto constitucional y no a la figura que encarna el “nuevo Estado”.

Ya en febrero, el affaire Patzi ha puesto de nuevo de manifiesto que las disidencias en el seno del MAS son vistas como traiciones, ya sabemos que a los opositores los estigmas son mayores. No se trata de apoyar los intentos de continuar en la candidatura a gobernador de Félix Patzi con “apoyo de bases aymaras”, sino de destacar la manera en la cual se responde a ese no acatamiento, en lo que ya es una constante de intolerancia ya no se diga pluralismo. Con persecución de tipo penal, con acusaciones de corrupción encabezadas por el exrector universitario y actual prefecto de La Paz, quien muy pocas semanas antes nos presentaba al candidato, el Dr. Patzi, con todos los halagos imaginables.

Finalmente, la “ley Corta” inconstitucional, como lo seria con gran parte de las Const. bolivianas de cuño republicano (e. g. Art. 38 de la de 1938, Art. 62 de la de 1945). La actual CPE prohíbe expresamente:

“Art. 140.I : Ni la Asamblea Legislativa Plurinacional, ni ningún otro órgano o institución, ni asociación o reunión popular de ninguna clase, podrán conceder a órgano o persona alguna facultades extraordinarias diferentes a las establecidas en esta Constitución.
II. No podrá acumularse el Poder Público, ni otorgarse supremacía por la que los derechos y garantías reconocidos en esta Constitución queden a merced de órgano o persona alguna.”

Por si fuera poco, también lo hace en otro explícito artículo constitucional, por lo que no cable apotegma jurídico de lo que no está prohibido está permitido:

“Art. 12.I El Estado se organiza y estructura su poder público a través de los órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral. La organización del Estado está fundamentada en la independencia, separación, coordinación y cooperación de estos órganos.
III. Las funciones de los órganos públicos no pueden ser reunidas en un solo órgano ni son delegables entre si.”

En las constituciones del siglo XIX (1871, 1878 y 1880, Cfr. Galindo 1991), como reconociendo la insuficiencia institucional para preservar la “inacumulabilidad del poder público” se incluye esta estipulación de tipo moral:
“b) Los diputados que promuevan, fomenten o ejecuten estos actos, son de hecho indignos de la confianza nacional.”

Como se sabe la actual CPE (Arts. 182 I, II, II ; 194 I y 198) que involucra competencias de la Asamblea Plurinacional y del Órgano Electoral y votación ciudadana para la selección primero y elección después de las cúpulas judiciales.

Cuando además sabemos que buena parte de las acefalías son resultados de procesos judiciales contra los que fueron tribunos y magistrados de las respectivas cúpulas colegiadas emprendidas por el propio gobierno, es difícil aceptar como “contingencia sobreviniente” la decisión de concentrar nombramientos por el Presidente. De nuevo, no estamos diciendo que el poder judicial no fuera deficiente en el pasado cercano (como en la mayor parte de nuestra historia), pero el “cuoteado” Tribunal Constitucional le repuso su sueldo al entonces defenestrado diputado cocalero Evo Morales e hizo que se le devolviera su curul en 2001-2. Es decir, preservó derechos ciudadanos de la oposición política.

III. Breve contexto teórico y epocal. Idea de república vs. Caudillismo.

Hay valores y principios políticos que atraviesan épocas y van decantando arreglos que permiten aminorar males políticos (autocracia, despotismo, etc.) y pertenecen al acervo del humanismo cívico que lo traigo a colación porque, además de compartir ese horizonte, tiene un centro con la vida buena (eudemonía) o “buen vivir” con resonancia tan claras a cierto discurso prevaleciente en el oficialismo hoy y que se puede asociar a comunidad de hombres y mujeres libres.

Intentar reducir a una perspectiva liberal toda la historia moderna occidental no es exacto. Por ejemplo, uno de los resguardos más nítidos la división de poderes no es exclusivamente liberal, sino que la encontramos de manera explícita en figuras señeras de la antigüedad clásica como Aristóteles y su magistral tratado Política, cuanto en Maquiavelo, el pensador paradigmático del inicio de la modernidad. Al igual que en Montesquieu, a quien suele atribuírsele indebidamente la paternidad de tal prescripción, la idea es equilibrar el poder político de manera que se evite la concentración en un solo órgano o, peor aun, una única persona. A ese ordenamiento se llamó república, ámbito de ciudadanos, no súbditos, o politeia en las palabras de Aristóteles, la polis “rectamente ordenada”.

En la Modernidad el desarrollo de la ciudadanía ha sido crucial y ello es porque se instaló el principio de soberanía popular, archivando el “derecho divino” que sustentó la monarquía. Por eso es que no combina teocracia con democracia, aunque rimen, porque la secularización del poder está en los logros irrenunciables de la modernidad occidental y aun sabedores de las dimensiones simbólicas del poder esa conquista sigue siendo vital para la construcción de un mundo razonable. Y también se hizo evidente –volviendo a nuestro recuento histórico- que había un mal, específicamente social, a combatir: la pobreza, que acompaña el nacimiento del capitalismo. Los pobres -la plebe- van a ser centrales en el escenario político de las repúblicas latinoamericanas , según el logrado trabajo de O´Donnell (PNUD 2004) que hoy está clara la ruta diferente de afirmación de derechos en este lado del mundo, distinta de la que estableció T. S. Marshall sobre la ciudadanía siguiendo el caso inglés que se tendió a ver como clásico. El fin de siglo XX ya encuentra al mundo de la “tercera ola de la democracia” intentando conciliar la igualdad republicana con la diferencia cultural, la diversidad en ese esfuerzo todavía difuso de conseguir “la cuadratura del círculo” (Touraine 1997 y 2000) más ostensible en medios como los países andinos y Mesoamérica por aquello de la “colonialidad del poder” (Quijano 2001-2), donde la glocalización no es ajena.

“Democracia plebiscitaria del líder” es en la lectura de Weber (1964), la adhesión plebiscitaria que enviste al líder del “derecho de dominación” (Mommsen 1981) que hoy no puede desligarse de un rasgo autoritario, no totalitario, que tiene enorme sintonía con la poca consideración a las normas que el Presidente Morales ha mostrado en el ejercicio de su mandato, cierto que estimulado por una oposición tampoco con ribetes de “oposición leal” en términos de apego a las leyes del Estado. Cada victoria electoral ratifica en la convicción del líder y sus seguidores más próximos, e incluso en círculos más extensos, este derecho a realizar la agenda “del cambio” y los opositores son tratados como obstáculos y defensores de sólo ilegítimos intereses. Y ya vimos que no sólo éstos sino incluso los hasta hace poco “hermanos”, que dejan de serlo en cuanto manifiestan disidencias.

IV. Los usos del sistema electoral en ámbitos subestatales

No deja de llamar la atención aquí cómo la celebración del pluralismo étnico-cultural ahora devenido en “Estado plurinacional” se combina de manera contradictoria con la erosión al pluralismo político, sin embargo decisivo en cualquier orden democrático. Así, uno de ellos (el pluralismo cultural) resulta un ropaje legitimador y se instrumentaliza contra el otro (el pluralismo político), poniendo dudas sobre la profundización de la democracia como orden político, cuando debiera ser el capital de la “acumulación boliviana”, como llamé en otro escrito, a la fuerte interpelación de la diversidad cultural y el avance ciudadano y hoy componente de la legitimidad no únicamente en Bolivia.

Por eso, las alternativas de métodos electorales para asegurar victorias son flexibles, muy en la tradición de la vieja manera de hacer política, como astucia en la oportunidad, como en el caso del Senado. En efecto, allí ya avanzamos desde los 60s del siglo XX con un senador por la primera minoría departamental , y hoy con 4 curules en el Senado por departamento en forma proporcional, es posible la totalidad de bancas para la mayoría, con efectivamente ocurrió en tres departamentos. A continuación veremos cómo eso no es regla en los ámbitos subestatales, sino más bien funcionales al predominio del líder que nos ocupa.

Las tentaciones autoritarias del oficialismo no son desde luego ajenas a las pulsiones del mismo tipo en la sociedad boliviana y en la oposición. En los estatutos autonómicos de Santa Cruz y Pando también se quiere “reyes chiquitos” con la esperanza de oponer al caudillo otros que puedan proyectarse luego de ganar “segundas vueltas” para el puesto de gobernador. En el Beni su estatuto no define el asunto y lo remite a una normativa departamental especial. Sólo Tarija se decanta por “mayoría simple” para la elección del gobernador allí.

La Ley del Régimen Electoral Transitorio (LRET) recoge en parte estas especificidades para las elecciones venideras de abril 2010 y para los cinco departamentos restantes, donde no se quiere fomentar futuros rivales, también se prescribe elección de gobernadores (según se definió en el referéndum de Diciembre de 2009 en cada uno de ellos) por mayoría simple.

Para la conformación de las asambleas departamentales y los concejos municipales hay indicaciones genéricas en la CPE que dejan margen para fortalecer elementos de cohesión, antes que seguir en la lógica de la dispersión. En la LRET sólo se hace excepción de la elección de gobernadores y/o prefectos para Santa Cruz (Art. 64.II), aunque cuando se revisa los estatutos de los departamentos de lo que se llamó “la media luna” están las variantes antedichas también en Beni y sobre todo en Pando.
Es posible, entonces, intentar tener incidencia en la elaboración de los estatutos departamentales futuros y en las cartas orgánicas municipales para introducir el sistema proporcional de asignación de puestos en estos órganos de representación. De hecho, la actual “Carta orgánica” propuesta para el municipio de La Paz (G.M.L.P. 2009) contempla para la lista separada para la elección de concejales –a diferencia de la modalidad anterior, donde el alcalde se elegía de entre los concejales, con excepción de quienes obtenían mayoría absoluta en las urnas- justamente el sistema proporcional con lista personalizada abierta.

Coincidimos pues con otros colegas –que planteamos eso en el ámbito territorialmente nacional- en la necesidad de contar con circunscripciones lo más amplias posibles donde aplicar el sistema proporcional, cierto que con posibilidad de reordenar la lista por el ciudadano/a de manera de generar tendencias centrípetas ante el resultado fragmentador de la territorialización creciente de la política boliviana.

En lo que va del proceso de reforma estatal y en particular en lo referente al tema territorial, los resultados son ambiguos en perspectiva de afianzamiento de Estado democrático. Primero hubo una mejora en la representación “espejo” de la estructura sociológica (la diversidad étnica y la presencia rural), y hoy vemos una tendencia de continuidad similar hacia ámbitos ya pequeños (municipios, regiones y aun departamentos) que es necesario requilibrar con elementos de cohesión, de pertenencias a ámbitos mayores, incluida la comunidad política moderna, hoy (pluri) nación.

La ambigüedad alcanza al conjunto del proceso actual, que de una parte por la recurrencia a las urnas muestra una opción distinta al enfrentamiento desnudo, y en tal sentido es un avance democrático al igual que el reconocimiento de la diversidad cultural con posibilidades de expresión institucional; pero a la vez ya es posible constatar el uso instrumental de la legitimación electoral para el afianzamiento de un líder que se nutre de ello para desplegar una línea de acción sin consideración a las perspectivas de los disidentes quienes al ser minoría electoral no tuvieran mucho que decir y menos que atenderse, así sea para la deliberación cívica: la democracia plebiscitaria del líder.

V. Reiteración final.

El reforzar la figura del líder por vías plebiscitarias tiene dificultades de continuidad. El propio Weber tematizó largamente eso alrededor de la idea de “rutinización del carisma”. Más importante todavía, la vigencia del líder plebiscitario es poco saludable para el ordenamiento democrático de una sociedad que ya ha abrazado el instrumento electoral, pero mantiene en su acervo el recurso de la rebeldía y el peso de frustraciones varias. Con ambos elementos se puede avanzar para afianzar una cultura política ciudadana, que es incompatible en el mediano plazo con cualquier caudillismo.

En el plano electoral inmediato, con lo conocido y analizado por elecciones subnacionales previas, sabemos que la alineación no es automática al poder político territorialmente nacional (no lo fue en la época de la “democracia pactada” en los ámbitos municipales , y menos en las justas prefecturales del 2005), por lo que analizando los resultados de abril, habrá que ajustar la normativa electoral para que a la vez que permite diversidad de nomenclatura y métodos se favorezcan opciones de conformación de gobiernos colegiados, no unipersonales, que es el caldo de cultivo y regeneración de caudillos, el gobierno antitético de gobierno de leyes. Hoy día estas leyes sólo son aceptables en la medida en que sostiene iguales derechos para los distintos miembros, y sólo por excepción “discriminación positiva”. Entre los cruciales derechos políticos está el de la disidencia, pues sin él cualquier tipo de democracia deviene su contrario.

Las preguntas

Bolivia ha tenido en su historia momentos de triunfo colectivo, de tipo político. Entre los presentes algunos quizás han escuchado ecos del abril del 52, con seguridad varios –si no todos- vivimos el octubre de 1982 con esperanza. El 2006 en enero yo he visto conmoverse a gente que parecía indiferente hacia la simbología allí expresada. Cada uno de esos sucesos ha dado sus frutos. Los textos más lúcidos del Quiroga S.C., Almaraz y Zavaleta tienen un cierto pathos de algo no realizado plenamente para el primero de nuestros ejemplos ¿qué podemos hacer para que este proceso no derive en una fiesta de unos cuántos? O, en términos asépticos, ¿cómo hacer de las reiteradas victorias electorales un proceso sostenido que nos catapulte en la región con ventajas comparativas, con horizonte de largo plazo? ¿Anulando nuestra poca modernidad política?

La de tecnología electoral: ¿Cuáles las razones para cancelar toda forma de elección por fórmula proporcional que es la que permite la representación del pluralismo –de lo más probado en la Ciencia Política-? Recordando pragmáticamente que al permitirse la expresión de diversidades (político-ideológicas) se fomentan lealtades centrípetas.




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